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Si escribo sobre este tema es porque pacientes me han traído testimonios relativos a malas experiencias dirigidas por personas que quizás sean inteligentes, pero que no han tenido la perspectiva para darse cuenta de lo que hacen, algunas veces errores graves con sujetos frágiles.
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Doctora E. Graciela Pioton-Cimetti
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Sobre Perón, testigo presencial
Es muy difícil pensar en español cuando se trata de los sentimientos. Es como balbucear en la lengua materna. Es mucho más fácil hacerlo en francés. Con mi lengua nativa hay una barrera afectiva que distorsiona las imágenes. El idioma maternal me perturba, se vuelve impúdico. ¡Sensación de dar a conocer un secreto profesional! ¿Conflicto deontológico? No sé, en todo caso, costumbre de guardar secretos, hasta dudar de la autenticidad de lo que digo. Buenos Aires, agosto de 1973. Próximas elecciones en las cuales debía ganar el peronismo, después del largo exilio de Perón en Puerta de Hierro, España donde Franco aceptó asilarlo luego de la revolución libertadora del 16 de septiembre de 1955. El encuadre socio-político es muy importante en este caso para comprender el sentido de los estamentos grupos enquistados en las diferentes clases sociales. La gente que esperaba a Perón no era la misma que lo llevó al poder en 1947. Perón es un fenómeno que va a determinar una nueva organización social e ideológica. Joven teniente de mucho porvenir, viajó a Italia y a Alemania, impregnándose del Nacional socialismo y adquiriendo modelos que llevó a la Argentina y que comenzó a expresar durante el tiempo en el cual fue ministro de Trabajo. Fenómeno extraño porque si bien Hitler se había apoyado en las clases medias, beneficiándolas económicamente y reforzando su función social, Perón se apoyó en la clase obrera; creando un movimiento atípico; un movimiento obrero de derecha, casi extrema. Las bases ideológicas eran las mismas del Nacional socialismo europeo, y se asentaron sobre un mismo problema de resentimiento social; pero de origen distinto. En el caso de Europa fue el vergonzoso pacto de Versalles en el cual Alemania perdió la cuenca del Rhur y Alsacia y Lorena. En el caso argentino no había conciencia política, porque sólo se conoció en la historia del país la adhesión a caudillos carismáticos, excepcionalmente racionales. Es decir, que antes de toda conciencia política apareció el resentimiento social, cristalizado pero no comprendido, y mera copia de las situaciones sociales europeas que precedieron a la revolución industrial de 1931. La sincronicidad, según Jung, es la convergencia espacio-temporal de series causales independientes. En el caso de Alemania, despojada, vencida, el arquetipo de Wottan dios de la guerra, reivindicador y justiciero necesitaba para una acción efectiva en el plano empírico, la aparición de un ser capaz de representar ese arquetipo. Fue el caso de Hitler. El correspondió exactamente a las demandas inconscientes del pueblo alemán. Se efectuó entre el pueblo y el líder ambicioso, carismático e individualista a ultranza un efecto de contagio psicológico que se fue multiplicando geométricamente en espiral delirante, hasta la búsqueda de un pasado de seres míticos perfectos, sumergidos en las zagas de los Nibelungos. En el caso del pueblo argentino, la orfandad creó en el inconsciente la búsqueda de un padre eterno, capaz de ejercer dicha paternidad de manera estable y sin fisuras. La presencia de los conservadores y el pasaje por el radicalismo personalista había creado angustia, sin crear conciencia política. Durante el radicalismo de Yrigoyen, el problema se atenuó para la clase media que por primera vez en la historia argentina se ve legitimada por un presidente de clase media. Pero la numerosa clase obrera, urbana y rural, seguía reclamando a partir de su orfandad. Por otra parte, Yrigoyen murió en el año 1930, poco después de ser derrocado y una gran parte de la clase media quedó «flotante». Perón correspondía exactamente a la imagen del arquetipo: paternalista, poderoso, casi divino. La sincronicidad va en los dos casos: la presencia de dos hombres que completan el deseo y la pulsión inconsciente de los dos pueblos. Hitler construye fascinantes monumentos que quieren tocar el cielo. Perón sube al poder en frente de una multitud, decretando campechanamente, el 18 de octubre: «San Perón.» En Argentina no se habían vivido situaciones de oposición de clase social; porque en la historia manifiesta no hubo ni opresores, ni oprimidos lo que creo complicidad entre las clases. Perón capitalizó la situación y creó un enemigo exterior: Los Estados Unidos. Esto se expresaba en los slogan que lo sostuvieron en el poder hasta el año 1955: «Alpargatas sí, libros no»; «Mis queridos descamisados» una pauta de resentimiento social que dió origen a la aparición de una clase nueva: «Los cabecitas negras.» En el momento en que fue derrocado (1955) todas las clases sociales se fusionaron para quitarle el poder. El quiso crear las milicias populares para reemplazar al ejército a partir de la CGT y del modelo de las camisas negras de Mussolini. No es la primera vez en la historia que un líder comienza a delirar. Ya había ocurrido con Bolívar y su delirio del Chimborazo. Luego la situación se hacia peligrosa. Después de la muerte de Eva, su mujer a quien sacrificó hasta el último instante; devorada por un cáncer, la hizo aparecer a su lado en el balcón de la Casa Rosada como candidata a la futura vice-presidencia, utilizando una peluca, especialmente fabricada, que le mantenía la cabeza derecha, Perón entró en el delirio. Cuando Eva Perón murió, reapareció la confusión, porque se hizo evidente que el verdadero líder carismático era ella y no Perón. Hija natural de un terrateniente, artista de poco vuelo, poseedora de una ambición desmedida y de una belleza indefinible. De todas maneras, si tuvo carisma fue porque creía en lo que decía. En todo lo que digo no hay juicio político, por ser desde mi condición humana, testigo de la historia. La gente que recibió a Perón en el año 1973, no fueron los simples obreros que lo llevaron al poder, sino una juventud pudiente, de clase media alta y media media los de la clase baja eran una minoría, tal vez residuales fieles del antiguo peronismo. Mirando desde mi balcón de la avenida Maipú 1942 rodeada de mis cuatro hijos veía la multitud que avanzaba hacia la plaza de Mayo; la evidencia de lo que contemplaba, me dejó sin aliento: entre la multitud a pie habían jóvenes vestidos con gamulanes. No habían muchos obreros ni tampoco camiones. Sólo autos de calidad, algunos de ellos descapotados. Me preguntó ¿qué querían ver los jóvenes en él? La pregunta queda abierta. Vamos a volver sobre ella. ¿Qué pasó para llegar a esta situación? Perón, una vez derrocado, busca reconstruirse una historia similar a la de Eva. Encuentra una mujer absolutamente ignorante, en un cabaret de Panamá. La lleva con él a la Puerta de Hierro y en su exilio comienza a educarla. Pero «Isabelita» no podrá ser nunca Eva Perón. Isabel fue una sátira, una mala versión de Eva. Fue un ángel de poca monta, en quien la voz de cadencia sin quilates daba la impresión de una maestrita de pueblo, subida al estrado para enseñar a niños sin zapatos la diferencia entra la C, la S y la Z. En ese contexto de mucho discurso, desapareció para los Argentinos el sentido político crítico. Quedó entonces una sola alternativa: aliarse en núcleos «estamentarios» al interior de cada clase social. Emerge así una nueva situación. Ya no es el resentimiento social, sino la irresponsabilidad política y los conflictos generacionales, los que abren las puertas a una crueldad sistemática y a una sordera entre padres e hijos. Abierta la brecha en el corazón de la familia patriarcal, la guerrilla entra, avanza y distorsiona el movimiento peronista que desaparece con el nombre de «justicialismo». Pero dada la falta de conciencia política, la justicia se reduce a las luchas privadas donde el factor trascendente ideológico no existe. Recuerdo de ese año, remontando por la avenida del Libertador a las ocho de la noche, los interminables discursos de Isabelita y los trancones del tránsito. Yo siempre llevaba un libro y una linterna para leer. No se podía avanzar por el desorden del tráfico. ¡No, era algo más que desorden, era la desestructuración de una sociedad que no se había comenzado a quitar los pañales! En esa época, dominada por fantasmas de reivindicación en todos los sentidos, nos era necesario reconocernos como grupo, porque más allá no había nada, solo bombas, asesinatos, desapariciones. ¿Cómo enfrentarse a todo eso sin destruirse? A veces estallaban dos o tres bombas por noche. En fin, los fuertes nos tapábamos los oídos para no tener miedo. No sabíamos si darles o no a los hijos una credencial de la marina para protegerse, porque esa protección podía condenarles a muerte. Sólo cabía rezar; y «robarle» los chicos a la escuela y llevarlos al campo como yo lo hice para no exponerlos más, y para no exponerme más, al sufrimiento. Recuerdo ahora toda esa época, teniendo conciencia del miedo que no pude tener, porque no había lugar para vivirlo. Una parte de mi vida profesional se desarrollaba en el comando en jefe de la marina. En el sector quizás más expuesto al peligro: pisos primer y noveno, dirección de Justicia naval. Mis viernes de libertad eran así: dirección de la casa hasta las ocho de la mañana, llevar los chicos al colegio para, finalmente tomar la costanera escuchando cassettes de Leonardo Favio nunca fui demasiado intelectual. Ya en el comando de Justicia naval, dejar el auto, subir las escaleras del edificio «Libertad», sabiendo que en cualquier momento podía pasarme una bala por la espalda. Transpiración, frío, presentación de documentos para poder entrar. A pocos metros de mi despacho, estalló una vez una bomba que llevaba, sobre él, un conscripto guerrillero. Una vez casi envenenan al director de Justicia. A las tres de la tarde, Juncal 854; dejo el mundo del peligro para entrar en el grupo de «pertenencia», de huida y de «referencia». No recuerdo el piso, pero es allí donde comienza una de las historias que han llevado a proponerme preguntas: ser extranjero en otro país como Gertrudis V L , aristócrata rusa; casada con un represente de Krup. Fueron los más fuertes, los más ricos hasta el momento en que Argentina declara la guerra al eje, a finales del conflicto. Los bienes de las familias alemanas implicadas en la guerra del treinta y nueve al cuarenta y cinco son confiscados. Gertrudis pasa a constituir, en su casa, un salón literario al estilo del siglo XVIII, en pleno Buenos Aires, cuyo objetivo creo yo era sobrevivir de alguna manera, a los avatares económicos. Ella era el centro de una red de relaciones sociales que mezclaban la aristocracia europea con la aristocracia argentina. Así, nos conocíamos unos a otros. Entre la aristocracia europea había ciertas grandes fortunas, como la de Mira von Bernard, propietaria de Caleras Avellaneda, viuda como Amelia Fortabat, la dueña de Loma Negra, y su concurrente en los negocios. *** Un tercer piso, el auto en el parqueadero de la iglesia de Las Mercedes. De pronto yo me sentía joven, linda, elegante, inteligente y feliz. Entraba en lo de Gertrudis, y la casa tenía el perfume de las mermeladas de frutas mezcladas con incienso; el piano de cola, los rojos profundos, porque dominaba el rojo. Esa casa se había convertido en el punto clave para darse a conocer. No es por casualidad que mi consultorio fuera privilegiado por la aristocracia europea y argentina. Sin embargo, había momentos en que me raspaba el corazón, pues sabía que el colorido, la música, los idiomas diferentes que se hablaban, así como todo ese mundo cultural no llegaban a apagar la angustia de saber que mis hijos existían y que yo tenía miedo. Entonces todo desaparecía. Yo debía volver a casa urgentemente para apretar entre mis brazos a mis hijos. Sí, tenía que apretarlos, los apretaba. Comía un sandwich y me ponía a estudiar frente a la televisión, mientras los cuatro jugaban a sus proyectos, secretos o manifiestos. Los tres más chicos no sabían tal vez cuánto se puede sufrir y cómo es necesario huir de la debilidad para darles un modelo de fuerza. Ahora mismo, me siento amenazada por las lágrimas, por esas lágrimas que entonces no pude llorar. Estaba tan cansada de reprimir la responsabilidad, que me dormía sobre las faldas de la más pequeña, mientras los otros tres jugaban al lado y se decían: «No hablés fuerte, mamá duerme » Y mamá era ¡tan chiquita! y los cinco estábamos vivos y yo los protegía, dejándome proteger. Amar es una eternidad, es un instante, una coexistencia de pasados y futuros muy compleja: no hay que pensar, simplemente, dejar venir, contemplar. En ese momento también hubiera deseado que nos encerráramos todos en esa casa y que los chicos no fueran nunca más al colegio. Me veo a través del tiempo, como queriendo hacerles compartir la sublime intimidad de mi casa de niña. Esa imagen no se terminó. Me retiro correctamente de ella, porque esa gloria fugaz no existe más, y porque hoy no son los años 1973, 1974, 1975, 1976; es, simplemente, 13 de febrero de 2002, y estoy en el mundo y punto. Más sobre Perón
¿Qué querían los jóvenes de Perón? La pregunta quedó abierta pero la respuesta es una sola: «Un padre.» El padre arquetípico, activo, creador, alguien que los llevara a despertarse. Nuestra generación la mía fue una generación cuyos padres durmieron sin oportunidades ni peso político. Los nuevos padres nosotros fuimos, consecuentemente, nulos para satisfacer los deseos de transcendencia y nacionalismo; porque el peso político de la Argentina y la dictadura peronista hicieron que supiésemos más sobre la primera guerra mundial y los conflictos bélicos de Corea y Vietnam. No había lugar para saber dónde vivíamos. Nos ahogaron en vinos franceses, té inglés, jeans americanos y series extranjeras televisadas, y nos largamos a vivir generación de despilfarro la de nuestras juventudes llenas de belleza y clase. Buenos Aires era una isla, un cuento más de la vieja Europa, un rincón más amplio y oxigenado de la divina y nada mítica Europa. París, Roma, Madrid, emergían en los atardeceres de la avenida Quintana, de la avenida del Libertador. Con los niños pequeños durmiendo en casa, nosotros amanecíamos en cafés elegantes del barrio norte. Fuimos la generación de la Dolce Vita de Fellini, de Hiroshima mon amour, de Alain Resnais y de Hace un año en Marienbad. Fuimos padres que creamos silencio y borramos identidad nacional, porque nosotros mismos nunca la habíamos conocido. Perón respondía a esa necesidad de identificación proyectiva, y lo quisieron imponer. Más allá de todo era el arquetipo de la revolución y daba muerte a los modelos insuficientes que cada joven vivía en su hogar. Pero Perón murió tontamente; porque en realidad las muertes a veces son tontas frente a un periplo vital heroico y sin escrúpulos como había sido el suyo. Perón fue un día de mayo, a visitar unos barcos de la armada argentina, tenía cerca de 80 años, tomó frío, perdió en pocos días las reservas de amor y odio que lo habían llevado a constituirse como una «fuerza de la naturaleza», y murió el 1º de julio. Después de haber arengado a los jóvenes para crear una fuerza, al fin unificada y sin disidencias, los dejaba brutalmente abandonados, divididos y huérfanos. Más confusos que nunca no pudieron sino identificarse al mito, sin poder llegar a diferenciarse y adquirir identidad, a veces ni siquiera como individuos. Así, llegó el caos; el caos romántico: «Dar la vida por ¿Por quién? ¿Para qué? ¿En qué sentido?» Las generaciones se separaron a muerte. Los caminos se bifurcaron. ¿Qué querían los jóvenes de Perón? Un padre, al fin todopoderoso que les hablara como se les habla a los adultos. Y sólo obtuvieron un padre muerto; se refugiaron en una nueva orfandad, menos trágica que la primera en sus hogares, porque en ellos había muchos hermanos y banderas para identificarlos como grupo; aunque sólo fuera marginal.
En Tucumán los guerrilleros conquistaron territorio y quisieron reivindicarlo como
independiente, verlo reconocido por las grandes potencias. Búsqueda clara de otro padre. Allí se frustró todo.
La enemistad entre las generaciones no se terminó; pero el cloroformo de las conveniencias y la
comodidad aquietó los ánimos; y tal vez con buenos analistas la cuestión pueda arreglarse.
(extractos del libro Argentina 1934-1978, memorias de analista)
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Doctora E. Graciela Pioton-Cimetti
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¿Qué escribir? ¿Para quién escribir? ¿Para los que vendrán mañana? ¿Para lo que están
existiendo hoy?
¿Escribirles para decirles que son las víctimas de sus ancestros y que deberán crear un mundo nuevo para los que vendrán? ¿Escribir sin decir nada o para contarles sobre teorías que huelen pesadamente y están más bajo que la verdad? ¿Escribir para mentirles sobre la historia de un mundo que fue mejor? La muerte, la vejez, la enfermedad y la pobreza han existido siempre. Los hombres perdieron los dientes, las fuerzas y hasta el alma buscando una verdad que está más arriba que Hegel, Marx, Freud, Lacan y todos los otros. Y continuamos mintiendo para disimular los despojos de este mundo que dejamos a nuestros herederos. Naturalmente que hoy parto de una posición depresiva ; naturalmente que también parto de una posición revolucionaria, porque hoy todo es ocultado, no nombrado, porque somos los esclavos de la globalización y de la igualación por lo bajo como nuestros ancestros lo fueron de sus ideales mentirosos. La descendencia está ahí. Nuestros herederos son tan ávidos que no podemos comprenderlos sino postulando la existencia de la sombra humana, del ello, de la pulsión asesina. La horda nos masacra. ¡Atención a la devoración! *** Todos hemos idealizado la descendencia, pero tenemos que ser dignos de nuestra idealización. El ciclo humano: nacer, crecer, reproducirse y morir no es tan simple, en realidad. Nacer/hacer nacer, crecer/hacer crecer, reproducirse/hacer reproducir, morir/hacer morir. ¡Condición humana sublime y maldita! ¿Somos todos los padres culpables de las ignominias, de las que nos acusan los descendientes? El psicoanálisis tal vez ha puesto el acento sobre los conflictos de la especie humana y la sucesión de las generaciones, pero sin piedad y de cierta manera malsanamente, porque no nos ayuda a comprender nuestra responsabilidad cuando ya adultos y poseedores de un discurso maníaco que hace que el otro sea siempre responsable y culpable deja de lado la verdad inalienable que consiste en respetar a nuestros ancestros y a nuestros padres quienes cuando nacimos tenían ya sus calidades y sus defectos. Nada tan cruel como el crío humano, porque él no será anónimo como lo es entre los animales. El nace y está hecho para santificar, culpabilizar y hasta destruir a los padres desde la noche de los tiempos, padres que han hecho lo mejor, naturalmente, según sus grados de conciencia para tener éxito con su descendencia. ¿Indiferencia? No. ¿Esclavitud generacional? Tampoco. ¿La solución? Comprensión simple del deber individual de aceptar la responsabilidad y llegar a ser enteramente seres humanos. ¿Escribir sobre la descendencia: si, pero más tarde, cuando la verdad tomará el lugar de la hipocresía que lleva a transferir la responsabilidad sistemáticamente a nuestros gestores? ¿Quién soy yo para decir que mis padres han sido buenos ó malos? ¿Quién me invistió con la toga de juez? Yo no se dónde voy, pero se que soy y eso me place, porque hoy puedo decir lo que no hubiera podido decir ayer cuando yo también acunada en el discurso dictatorial de un psicoanálisis que más allá de toda ortodoxia , pudo ser deprimente ó maníaco, llevándome a callar mi propia conciencia y mis propios valores. Yo soy un viajero en tránsito. *** El incesto es simbólico, el edipo es socializador. La violación es patológica y no tiene nada de simbólico. Los medios de comunicación difunden sin cesar los problemas de violación incestuosa. En dichos casos, solo hoy patología. La confusión sembrada por la ignorancia y la facilidad a utilizar palabras por un numeroso público que no ha comprendido que el edipo es simbólico y la violación incestuosa patológica es una mezcla mortífera que siembra la duda intergeneracional Y lleva a numerosas situaciones delirantes. Las frecuentes secciones de grupo de origen conceptual y formación dudosa conducen a situaciones de desborde emocional a ciertas personalidades cuya patología no ha estado diferencialmente diagnosticada. La frecuencia de historias de abuso y/o violación aumenta. Habría que preguntarse porqué. *** Estoy lejos de todo fanatismo de escuelas, lejos de afirmarme dogmáticamente como perteneciendo a tal ó tal escuela, a través de una muy larga experiencia clínica y analítica en diferentes lugarcitos del mundo llego a sentirme como siendo yo misma una identidad adquirida a fuerza de trabajo, esfuerzo y sobreesfuerzo. *** Y si disminuyendo nuestra pretensión nos preguntamos: ¿quién soy yo en mi mismo? ¿Soy capaz de actuar sin estar obligado abrir el libro de mi maestro preferido del pensamiento? Cuando Lacan, tan considerado hoy día decía que "el analista se autoriza a él mismo" no quiso decir que todos pueden ser analistas, porque quieren serlo ó porque hayan hecho un largo análisis, muy largo pero a veces demasiado intelectual y pretencioso sino cuando el analista pudiera considerar haber curado a uno de sus pacientes. Es decir curar, no anestesiar. Ahora bien; ¿existe la curación psicológica?, ¿cómo se obtiene? Atención, lo primero para lograrlo si es posible, es recordar que se trata de un asunto entre dos personas. No podemos ayudar a quien verdaderamente no desea ayudarse a si mismo. Recordemos que el analista no es el tacho de basura del analizado. Las nuevas generaciones de analistas deberán tener en cuenta no solo la toma de buena distancia sino también la necesidad de comprometerse en el aquí y ahora del proyecto. La clave de un buen "tránsito" analítico es el acompañamiento del paciente y para eso es necesario, ver y comprender para poder concluir. La interpretación no lo es todo, cambia la posición de la relación analista, analizado en el contexto de la sesión, pero no es todo. Si no se ha trabajado suficientemente la contratransferencia para poder confrontarnos al analizado y a sus demandas, si no sabemos suficiente, si no aceptamos humildemente y sin hipocresías que nuestros conocimientos son limitados no tenemos derecho a exhibir una placa de psicoterapeuta ó otras por el estilo. Lo mejor es decidir a entrar sin sentirse disminuido a la universidad y aceptar aunque sea penosamente los obstáculos del aprendizaje metódico y sistematizado. Debemos dudar de nosotros mismos, estar alertas, no sentirnos capaces de curar a los otros cuando en realidad no hemos llegado en nosotros mismos a comprender el sentido de la vida y la necesidad de la verdad. Verdad con la que todos tenemos problemas, porque quien busca la verdad la encuentra. Ella no es forzosamente agradable, pero siempre fuente de despertar y entonces de conciencia.
Hecho en Paris, el 8 de febrero del 2002
con pasión como habitualmente, pero no hace frío, llueve un poco y yo creo, como dice Jung, que finalmente “el sentido se impondrá sobre el sin sentido”. |
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Doctora E. Graciela Pioton-Cimetti
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Yo también tuve un maestro y fui discípula. Yo también quise al amado darle descendencia para darle también la trascendencia pero él se hundió en una muerte temprana dejando la descendencia a la discípula sin haberle enseñado a ser maestro, pero el tiempo, riguroso y nuevo se encargo de romper la ignorancia y sin remedio fui madre, maestra y tantas cosas que creo por mi misma y sin pretensión haber alcanzado la maestría del silencio que es el único camino verdadero para dar libertad a los retoños.
Repuesta a Rut en la dimensión de la palabra nueva La primavera está agresiva y trae la lluvia y habrá muchos diluvios y tiempos de amor y amores nuevos. Yo me agoto en la esperanza y se multiplican los hijos del espíritu y se secan los hijos de la carne y en un lugar remoto: sombrío ó luminoso daremos luz a seres nuevos que se encanten buscando la consciencia, que se hartarán de romances fantasmados para hundirse en las entrañas de la vida. Mi maestro no fue el tuyo, pero el discurso fue siempre doble y transitivo. ¿Porqué contemplar la descendencia sin sentirse capaz de hacerse eterno? Y te digo, vendrá el viento, se han borrado sus huellas, y las mías sobre la arena de la playa, en el campo, en las veredas. A veces tal vez del alma mía se han borrado las huellas de su paso pero están los retoños y los retoños de la los retoños y la eternidad que me hace guiños y me tienta y es así siempre así Desde este punto de mira tan distinto, donde ya maestro y poseyendo la maestría la soledad de mi torre es mucha y fría Y estoy sola pero menos sola tal vez que con los otros
Hecho en Paris, el miércoles 13 de febrero del 2002
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Doctora E. Graciela Pioton-Cimetti
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No más enredadera ya soy árbol cae la noche, viene el día, te recuerdo encaramada todavía en tus rodillas padre mío ausente y transitando entre el finura brutal de tus consejos y la piedad que sentiste por mi alma.
En el hueco de paz que es mi reposo tu modelo sincero, sin recato me impide hundirme simplemente en el sueño mediocre de ser nadie. Te busco todavía, te presiento cuando anuncio sin piedad lo que no es justo. Desde tu firme retrato estás mirando lo que no supe hacer de tu modelo y sonríes ampliamente firmemente: tu retoño ya es árbol fuerte, firme ya se seca la exhausta enredadera.
Hecho en Paris, el miércoles 13 de febrero del 2002
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Doctora E. Graciela Pioton-Cimetti
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Múltiples ligaduras nutren los pensamientos al intentar conceptualizar «la descendencia»,
que enunciado así, nos remite a un tipo de pensamiento lineal, absoluto y determinista.
Paradojalmente, al preguntarnos por el sentido de la descendencia, las vinculaciones van surgiendo a medida que en el descenso soltamos el apego a formas cotidianas de entendimiento y presencia, y ascendemos a lazos entramados en la red interactiva de la libertad. «Criar hijos» solía ampararnos de la posible soledad en la vejez y conformar un círculo seguro de atención y cercanía con las ternuras y los disgustos casi propias de nuestra humanidad. La dinámica social de los últimos tiempos articulada a la generalizada economía en retracción ha producido un desmembramiento de la familia, que en distintos territorios del planeta tierra, puso de relieve la necesidad de redituar el ámbito familiar en la subjetividad humana. Proveer a nuestra «descendencia» de estudios, prevención y atención en salud y posibilidad de trabajo, como herramientas identificatorias de bienes sociales y culturales que esculpían valores e ideales fundantes, dejó de ser posible hace ya mucho tiempo. La gestación de los lazos familiares va cada día cobrando menor consistencia y estabilidad. Los niños de la calle, en número cada vez mayor, harapientos, haciendo nido en las estaciones de trenes, en bancos de plazas, durmiento parados o compartiendo alguna moneda, dejan por fuera la idiosincrasia de todo concepto bondadoso respecto a la capacidad humana de configuraciones sociales que gesten espacios subjetivos del que emerjan seres autónomos. Las leyes del caos van acelerando los discursos irreversibles que zapatean los tablados de la impotencia. La «clase media», hoy desaparecida casi en su totalidad, arrasada en su idiosincrasia, en su mirada optimista, en su siempre perpleja cuasi inocencia, ya no mira más desde la vereda de enfrente a esos pobres, muchas veces imperturbables en su susto, desmembrados, hociosos por obligación y arrogantes por las dudas. Hoy casi toda la sociedad se pregunta por el sentido de la existencia, ya no en ámbitos religiosos o filosóficos, sino en el ámbito de lo cotidiano, de lo inmediato, de lo imperioso. Y esto, como siempre en el universo, con cada una de las crisis, es acompañado por la limpieza de creencias, mitos, y leyendas incluso sobre la descendencia. La red multidimensional de interacciones, desesperadas o no, que dan por resultado cada uno de los irrepetibles y únicos seres humanos, rompió con las convenciones de la descendencia. Todos o casi todos miramos a nuestro alrededor y nos sentimos solos, desvalidos, aterrados porque nos sacaron (¿quiénes, nosotros mismos como otros?) los bastiones identificatorios de una modernidad aún latente en nuestra piel. Los ojos de la historia denotan cierta pícara ternura. Caminamos hacia redes de trueque solidario, hacia redes de comunicación ampliada que portan mensajes de redistribución de anhelos, esperanzas, y posibilidades, deseando que se vayan efectivizando en un campo sembrado, espejo y reflejo de hombres y mujeres productivos, con derecho a la educación, la salud y el trabajo. Mientras tanto aprenderemos a transmitir a nuestros hijos que acorten distancias, acercándonos en la lejanía, acariciando con nuestros pensamientos, compartiendo el humo apremiante del amor. Los recursos simbólicos avanzan hacia la melodía de un aquí y ahora participativo. Ya no resulta tan artificial suponer que los emblemas identificatorios subrayan pensamientos que creando realidades asciendan a dimensiones otras, descendiendo en la capacidad restitutiva de la libertad agradecida de un tiempo presente que produzca sabiduría. Los mundos posibles, los múltiples sentidos, la diversidad contactando la energía próspera del campo magnético terráqueo. En esos ascensos y descensos de nuestras novelas cotidianas, escenas de tiempos más que milenarios, la conciencia de víctimas, de la que ya hemos abusado en demasía, vaya dando, en un movimiento recursivo transmutador, estados de seguridad y confianza en la que nos sintamos protagonistas de la fuerza fraternal de la creación. |
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Licenciada Rut Diana Cohen
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Se encontró sentada en un café a la espera de alguien desconocido que viniera a rescatarla de
la bruma densa del tiempo desencantado sin un amor.
Había amado, (y ¿aún amaba?) a su maestro, a su gestor, a su hombre, aquel que con palabras le vistió su alma del colorido amplio del deseo de ser mejor. Cuando lo conoció ella era tan niña, tan soberbia e ignorante, como tierna y apasionada en su gesto ansioso por sobrevivir. Lo admiró sin calma, advirtió sus tiempos lentos, precisos, incisivos, impulsándola a saborear el libro, la página, el diario, las sombras del horizonte, la competencia diaria, modificó su nombre casi creándole identidad. Corretearon juntos, él siempre maestro, ella siempre alumna, los años pasaban jugando el tiempo de descuento de la admiración. Cada uno con su gente, sus días ocupados, sus noches acompañados, con hijos que crecían en hogares con condiciones carentes de similitud. Ellos dos compartían secretos y mentiras, pero siempre la fascinación de la suposición. Ya no era niña, era una mujer que alentaba la frescura de la pasión. Su columna vertebral contenía las voces, la cadencias, la música hecha palabras de su maestro actuando como solista en la filarmónica primaveral. Ella iba haciendo suyas sus palabras, creía en ello, las convertía en hechos, acariciándolas las memorizaba, las hacía públicas queriendo demostrar al mundo el privilegio de ser quién era, alumna del maestro, guerrero de las palabras y pionero de la estrategia audaz de su canción. Se le ocurrió a ella, rompió el hechizo, le propuso pulsar unidos, reforzar la juntura sensorial caminando hacia la acción. Y fue tan triste, la descendencia torpe, el maltrato cotidiano, la huella fresca de la discusión. Ella siempre soñando con ser mejor. Nada le alcanzaba de ella misma, todo le parecía poco cuando se proponía demostrarle cada tarde, cada año, que era digna de su amor. Pero en las mañanas claras, o días con lluvias tenues, pedía a gritos reciprocidad. Caminar las calles del esfuerzo común de la palabra hecha acción. Se desmoronó el pacto, renunciaron a los códigos del encuentro primero, alineado en la vara de la perfección. Ella quería sentir reconocimiento, confianza, respeto, conjunción modal de encuentros artesanales de sanación. Se entristeció, se aniquiló su amor, las palabras estranguladas en la garganta lejana de su maestro gestor. El se fué sin gloria, sintiéndose abandonado sin público para su lección. La biblioteca hegeliana confabulaba a gritos dialectando amos y esclavos, permutando roles sin espirales azules de resolución. Ella quedó roída, sin la voz amada, sin las palabras diarias que inmolaban el saludo de su corazón. Creyó desaparecer del tiempo, no ser presencia, ser tan sólo un hueco esperando condiciones arcaicas de resurrección. Fue ajena a todo, no conocía nada, no sabía quién era, qué podía, qué le gustaba. Los rincones de sus pueblos, de sus campos y sus mares tenían gusto a la pipa antigua de una Biblia mojada por la angustia conectada a la ausencia eterna ya sin entonación. Caminó y corrió, después se cayó. Aún hoy a veces desearía volver al ayer seguro del maestro en clase y ella alumna y sin decepción. La anestesia fué pasando, el cosquilleo se va sintiendo, la vida despierta, comienza a escribir sus voces, palabras-hechos propias, pregnantes, cálidas convalidadas por su propio temblor. Creyó que no podría nunca convivir con ella. Se sorprende por el contorneo amplio bailando incluso su dolor. Los cinco sentidos resaltan el haber estado siempre abiertos a la luz de su propia entonación. No lo supo antes, lo comprende ahora, por él creyó ser ella, pero ella fue siempre ella, tan chiquita antes, a veces viejita ahora, pero siempre ella deseando paradójicamente ser mejor. Sentada en el café cree que ahora es ella, por ella y en ella pero espera otro salvador. La noche desciende, los recuerdos se hacen redes, pide al mozo otro café. Otro rumbo tomó el silencio, otra frecuencia abanicó su mente, su corazón latió en la apertura honda y sin rencor. Sabe que al descender se crece, se inscribe el inicio del silencio aúrico de iluminación. Siente que al pedir rescate, rescata, que al ser amada/amante asciende al encuentro de seres tiempo. En movimiento táctil, con gusto a flor y almíbar por escucharse escuchando y escuchando escuchar las burbujas blancas, aparecen otras palabras, que no riman tanto, laten y escriben. Le había pedido tanto a su gran amor que siempre sea todo, para que ella pueda deambular segura en la obsesión. Aún siente que desciende no sin cierto temor, suelta y desciende, suelta el dolor festivo, suelta el recuerdo diario, suelta la pena viciosa y va quedando llena, de un vacío nuevo con ojos abriendo y cerrando las manos graciosas por lo novedoso de ésta emoción. Aún desciende rotan las estaciones, oscurecen los días, amanecen los años acompañando por fin el mensaje sereno de los ángeles: aquí y ahora, vida. Ella vislumbra algún contacto con la alegría, con la abundancia diaria de su conjugación. Ahora dejará ella de pedirle a otros hechos y no tan sólo palabras ahora ella misma espera de ella ser capaz de a poco vivir la alegría de su existencia configurada en ésta dimensión. |
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Licenciada Rut Diana Cohen
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Para hablar de angustia, de ansiedad, se debe hablar de emociones. En efecto, la angustia es ente
todo algo que se siente. Está en el centro del encuentro entre psíquico y somático. Es como la ley
del espíritu dictada sobre el cuerpo. La crisis de ansiedad lo ilustra perfectamente.
Desbordamiento del espíritu por el cuerpo. Por asociación podemos liar a la palabra «angustia» las palabras «horror», «miedo», «terror» y lo que tienen en común todos esos momentos es la parálisis.Sin embargo, la diferencia fundamental que caracteriza la ansiedad es la ausencia del objetoEn efecto, cuando se siente miedo es del avión, de la oscuridad, de los perros. Sentimos miedo por algo en particular, sin embargo cuando sentimos angustia ¿Cuál es su causa? ¿Qué es lo que nos angustia? Los sujetos propensos a las crisis de ansiedad muestran bien ese aspecto cuando dicen no encontrarse particularmente «mal» o «angustiados». Los síntomas de la crisis de ansiedad son muy próximos de síntomas de origen orgánico como los que se pueden observar en afecciones cardiacas o cerebrales. En la mayoría de los casos después de la primera crisis, los sujetos van a consultar al médico de cabecera temiendo una crisis cardiaca, un cáncer de cerebro o una ruptura de aneurisma. Imaginar un origen psíquico a la crisis de ansiedad no es nada evidente en los primeros tiempos. El paso de ir ó ver uno psicólogo/psicoanalista se resiente aún más a pesar de la insistencia de la mayoría de los médicos que desarmados (ya que frente a una afección fuera de su dominio) se ven reducidos a recetar anxiolíticos o antidepresores. Hemos hablado de sentimiento de parálisis. Pues eso debe ser relacionado con lo que se vive durante la crisis. Constatamos que durante ese estado de ansiedad hay una tendencia a la rigidez (tetania). La espasmofilia acompaña ese estado de tensión conievando dificultades para respirar tal y como si estuviésemos frente al objeto de nuestra fobia y todo una serie de dolores localizados en diversos partes del cuerpo, una sensación de ahogo en la garganta, picaduras, cefaleas, presiónes torácicas acompañados de vértigos y, en algunos casos, de vómitos. La angustia se encuentra como síntoma en la mayoría de los entidades clínicas definidas por la psiquiatría y el psicoanálisis: esquizofrenia, psicosis maniaco-depresiva, histeria, neurosis obsesional, pero ante todo debería ser considerada como la «señal automática del yo» concepto definido por Freud entre los mecanismos de defensa. Así, podríamos decir que la ansiedad no tiene que verse limitada a los patologías, también debe ser considerada como serial de que algo no va bien, como una llamada a llevar su atención sobre sí y sobre los procesos que pueden estar obrando en el seno mismo de nuestro cuerpo y de nuestro espíritu. |
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Diane Escamilla
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Hay gente que con sólo decir una palabra
enciende la ilusión y los rosales que con sólo sonreir entre los ojos nos invitan a viajar por otras zonas y nos hacen recorrer toda la magia Hay gente que con sólo dar la mano
Que con sólo empuñar una guitarra
Hay gente que con sólo abrir la boca
Y uno se va de novio con la Vida
Hay gente, que es así... tan Necesaria
Comunicación enviada
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Mario Gallina
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No solo los genes tienen la importante función de transmitir en los seres vivos
la herencia biológica de la especie, también los factores externos modelan
la conformación del comportamiento.
En lo referente a la manipulación genética (que podría transformar las propiedades de la descendencia), tal vez no podamos todavía hablar de los efectos totales que las transformaciones puedan provocar. Con la incursión en las clonaciones humanas, como sucedió en estos días en EE. UU. por una empresa privada (ACT) de Massachussets, además de abrirse muchas polémicas, surge a mi entender la necesidad de profundizar la cuestión de sus efectos a nivel psicológico y con respecto a varias cuestiones. En un primer aspecto, es inquietante la posibilidad de producir cambios genéticos, sin un estudio profundo de las consecuencias psicológicas que pudiese ocasionar. Por ejemplo dudo que esté esclarecido fehacientemente, el hecho de que si se cambia el color de ojos de un embrión eso no afectará otros aspectos referentes a su psiquis, es decir, me refiero a si ese gen solo cambia el color de ojos o bien tiene consecuencias secundarias. De hecho muchas corrientes psicológicas se basaron en los aspectos físicos "arquetípicos" para inferir ciertos rasgos psicológicos. Otro aspecto de la problemática podría ser el sentimiento de pertenencia que generaría en los hijos y hacia los padres, el tener los "códigos cambiados". Eso para algunas culturas no es importante, pero para otras sí. Lo mismo pasa con el sentimiento de los padres hacia sus hijos. La trascendencia a través de los hijos es un hecho esperado, y en consecuencia la relación que se produce entre ellos puede verse afectada. También es importante pensar respecto a la ética que va a guiar los cambios genéticos que afecten la psiquis, el comportamiento, las actitudes, los sentimientos. Conociendo la perversidad del ser humano no dudo que alguno "pida" que su hijo "salga" con capacidad de mando y poca compasión, que carezca de sentimiento humanitarios, o definitivamente sea virtuoso en el arte de someter de los demás. Tal vez suena raro decirlo, ya que hasta ahora la genética, en su divulgación popular, solo nos habló de cambios físicos y poco sobre los genes que afectan la conducta. A pesar de esto, es seguro que el tema viene siendo estudiado tal vez en secreto. Hitler sin ir más lejos incursionó en esto, con los medios con que disponía, para intentar lograr el "superhombre". Como sucede con todas las técnicas, la genética puede usarse para el bien o para el mal de la humanidad. Y aquí está el punto clave que merece un esclarecimiento. Lo que me gustaría dilucidar, antes de que la ciencia profundice el tema del cambio psíquico por la genética, es la cuestión respecto si nuestra psiquis depende de lo genético y en qué medida o bien es conformado por la cultura y las condiciones de vida reales. Sin duda mucho se ha investigado del tema pero como no podía ser de otro modo, las disputas entre psicologistas y genetistas mantienen la polémica. Si a través del cambio psicológico pude demostrarse que el hombre alcanza lograr conductas (en el sentido amplio de la palabra) variadas e inducibles, la genética no tendría mucho que hacer. En ese caso solo podría corresponderle producir cambios físicos. De no ser así considero que perderíamos gran parte de nuestra "humanidad" en manos de los científicos que como bien sabemos y he comentado en otro artículo, van tras lo que el dinero y el poder les ofrece y no de lo que la humanidad necesita. Por ejemplo la empresa que clonó el embrión humano es "privada" y ¿qué cosa puede pretender? Esa es la única "objetividad" de la ciencia (el dinero y el poder). Hasta ahora la descendencia fue un proceso que armonizaba la genética, con la cultura, con el clima, con el territorio, y muchos otros factores más o menos importantes. Ahora se introducen además de nuevas variables en las características antes nombradas (por ejemplo crecer en un departamento de seis metros cuadrados, con aire acondicionado, etc.) la manipulación genética. Considero que son muchos cambios juntos y si bien el hombre es el Rey de la Adaptación, hay demasiada degradación (alimenticia, aire, etc.) como para que salga un buen resultado de este "experimento" obligado al que nos vemos sometidos. Si la ciencia nos cambiara para que comiendo sustancias contaminadas o respirándolas, pudiéramos subsistir en un mundo empobrecido y sucio, tal vez estaría de acuerdo con esa investigación y con los cambios que producen. Pero si todo ese despliegue es para cambiar el color de ojos, el pelo, la altura, o prolongar la vida de algunos, me parece una aberración humana guiada solo por la vanidad. Puede que se esté investigando y produciendo científicamente en otras áreas, especialmente la salud, pero ¿ese conocimiento se va a aplicar para el bien de todos, el bien de la humanidad total, o de acuerdo con el esquema que venimos viviendo con el neoliberalismo, es para el disfrute de unos pocos a costa del resto del mundo?, mundo que pauperizado y mantenido en la ignorancia, sin voz ni voto, ni siquiera con la posibilidad de saber qué pasa, entrega sus recursos y sus riquezas a estos señores, dueños de casi todo, que ahora se cansaron de sus juegos económicos y de guerra y empiezan a jugar a ser Dioses queriendo adueñarse de la capacidad de dar vida. |
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Licenciado Alejandro Giosa
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Un tercio de los 40 millones de infectados tiene menos de 24 años
Tras pasar 20 años desde la identificación del VIH/Sida, esta devastadora enfermedad ha acabado con la vida de 20 millones de personas. Un informe de las Naciones Unidas (ONU) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) reveló que un tercio de las 40 millones de personas que padecen el Sida en la actualidad tienen «entre 15 y 24 años de edad» y «en su mayor parte no saben que son portadoras del virus». Los datos fueron proporcionados en el marco del Día Internacional de la Lucha contra el Sida. La ONU instauró al 1º de diciembre como fecha conmemorativa, con el fin de que en el mundo los gobiernos tomen conciencia de la tragedia que provoca la enfermedad, no sólo por su índice de mortalidad, sino también "porque ensancha la brecha entre ricos y pobres". «A mí me importa ¿Y a ti?» es el lema de la Campaña Mundial contra el Sida 2001. Siguiendo el hilo del lema de la campaña anterior, «Los hombres marcan la diferencia», la del presente año quiere destacar las diversas formas en que el varón contribuye a la epidemia y el decisivo papel que también desempeña en su contención. Más de la mitad el 53% de todas las personas que viven con VIH/Sida en el mundo son varones. Más del 70% de las infecciones por el VIH en todo el mundo se transmiten a través de las relaciones sexuales entre varones y mujeres, y otro 10% a través de las relaciones sexuales entre varones. Un 5% de las infecciones se producen entre personas que se inyectan drogas, las cuatro quintas partes de las cuales son varones. Según Onusida, en todo el mundo, el varón suele tener más parejas sexuales que la mujer, con lo que aumenta su propio riesgo de contraer el VIH y el de su pareja principal. "El secretismo, el estigma y la vergüenza que rodean al VIH agravan aún más las cosas, ya que desaniman al varón y a la mujer a revelar o incluso reconocer su estado seropositivo". Datos epidemiológicos de Latinoamérica, el Caribe y España El documento, conocido como «Resumen mundial de la epidemia de VIH/SIDA», fue elaborado por el Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/SIDA (Onusida) y la OMS. Asegura que en América Latina y el Caribe hay alrededor de 1.800.000 de adultos y niños con VIH, 1.400.000 sólo en América latina. Según el informe internacional, la enfermedad provocó este año tres millones de muertes, mientras que se infectaron cinco millones de personas. «El consumo de drogas intravenosas es un principal modo de transmisión del VIH en la Argentina, Chile y el Uruguay, y también desempeña un papel importante en Brasil», afirma el trabajo conjunto de Onusida/OMS. En cuanto a España, los últimos datos oficiales, correspondientes al primer semestre de 2001, señalan que durante el año 2000 se diagnosticaron 2.745 casos nuevos de Sida. En ese sentido, la ministra de Sanidad y Consumo española, Celia Villalobos, instó a las mujeres a que exijan al varón el uso del preservativo ante el aumento registrado en la transmisión de esta enfermedad por relaciones heterosexuales sin protección, en el sector de población femenino. Villalobos recordó que los casos de transmisión por esta vía ascendieron al 20 por ciento, porcentaje que se eleva al 40 por ciento en el caso de las mujeres, además para la ministra esta situación revela «otra forma de malos tratos». En la Argentina, la Dirección de Sida del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires informó que unos 40.000 porteños están infectados con HIV. 6.138 que contrajeron efectivamente la enfermedad, de los cuales la mitad reside en la zona sur. El informe porteño estableció que «en el período 1997/2000, en la población de 15 a 34 años, el Sida ocupa la primera causa de muerte». La tasa de mortalidad por VIH/Sida de los porteños tuvo su pico en 1996, con 18 fallecidos cada 100.000 personas, pero a partir de ese año la mortalidad descendió en un 54%. Los datos sobre VIH/Sida,a nivel nacional, correspondientes a la República Argentina, se encuentran online en: http://www.lusida.org.ar En tanto, en lo que va del presente año, México tiene casi 3,100 nuevos casos de Sida. Carlos Magis, director de investigación de Censida, dijo que México ha acumulado 50.713 casos en un período de tiempo no especificado. De ese total de enfermos con Sida ya han muerto 30.000 personas. «Es un problema de seguridad nacional, en este momento ocupa el cuarto lugar como causa de muerte en jóvenes de 25 a 34 años», señaló Magis, quien afirmó que del total de enfermos de Sida registrados en las cifras oficiales, sólo viven 20.049 personas. La situación a nivel internacional La diferencia entre continentes es muy marcada ya que Africa tiene 28,1 millones de infectados y en los países de Africa subsahariana el Sida constituye la principal causa de mortalidad. En todo el mundo la enfermedad ocupa el cuarto lugar en la lista de enfermedades más mortíferas y es en los países con mayores problemas socioeconómicos una amenaza sin precedentes para la estabilidad social. En los países de Europa Oriental y de Asia Central, particularmente en Rusia, la epidemia tiene el crecimiento más rápido a nivel mundial. En Rusia la situación es explosiva ya que el número de infecciones notificadas superan los 129.000 casos desde el comienzo de la epidemia y los expertos afirman que las cifras reales se sitúan entre 600.000 y 800.000 personas infectadas, según el documento de Onusida/OMS. En Africa del Norte y Oriente Medio, donde viven 440.000 personas portadoras del Sida, la epidemia progresa lentamente pero de manera constante en países como Djibuti, Somalia y Sudán. En Irán, Libia y Pakistán el número de infecciones está aumentando. De acuerdo con las estimaciones de Onusida, unos 7,1 millones de personas son portadoras en Asia y en el Pacífico, exceptuando Australia y Nueva Zelanda, y durante 2001 la epidemia ha causado la muerte de 435.000 personas en esta región. Sin embargo estas tasas aparentemente bajas de infección son engañosas ya que esconden epidemias localizadas en el seno de los países del mundo más poblados como China, India o Indonesia donde el Sida puede transformarse en "epidemia de gran envergadura", advirtió el informe internacional. Tal lo indicado en el presente reporte, América Latina y el Caribe cuentan con 1,8 millones de seropositivos y enfermos de Sida. Mientras tanto, Onusida considera que las perspectivas de evolución de la enfermedad no son siempre negativas porque existen países donde actualmente se registra un descenso en el número de infecciones como Uganda, Zambia, Tanzania, Camboya y Tailandia. |
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Health I. G. News
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Muchas veces he leído que se habla de la descendencia como de un impulso de auto-preservación, como si se tratara de un acto de absoluta conciencia y afirmación egótica. Sin negar esta posibilidad, prefiero abordar
el tema desde una perspectiva de proyección de la vida, relacionada con la evolución y la expansión del espíritu.
Descendencia se asocia con transmisión o comunicación. Está emparentada con la perpetuación de la vida, la especie y la familia. Es la dirección original del impulso vital del universo, con la característica de que la experiencia de las especies no se pierde, sino que se acumula en un registro inconsciente. Desde el aspecto humano, la descendencia puede ser consciente o inconsciente. La primera es todo lo que se transmite a través de la enseñanza directa, la segunda se transfiere a través de la herencia genética. Hagamos un ejercicio intelectual. El impulso inicial del universo (vida original) está en cero (0). Es absolutamente inerte, vacío de todo contenido y totalmente ingenuo, carece de experiencias, motivaciones, cualidades, potencias y auto-conciencia. Sin embargo, así como la semilla posee en forma intrínseca todas las potencialidades para convertirse en un frondoso árbol, este impulso inicial contiene en sí mismo todo lo necesario para transformarse en el Cosmos. Filosófica y numerológicamente hablando, se dice que, cuando este impulso original toma conciencia de su existencia, se convierte en Uno (1) y comienza su expansión. Quien tenga conocimientos de matemáticas binaria, está familiarizado con el concepto de que todo se puede expresar a través de los números 0 y 1. El Uno es la Vida Original en Expansión, es movilizante (voluntad), omnipotente, auto-conciente y posee una motivación: expandirse. Expandirse y evolucionar son sinónimos de "descendencia". Pero no existiría la evolución sin la memoria. La memoria es el soporte de la auto-conciencia. Así, la Vida Original adquiere un "Carácter" que se afirma a sí mismo a través de la experiencia de vida. Los antiguos denominaban a esta "memoria universal" de muchas formas, según la cultura. En la actualidad han quedado algunos de estos conceptos a los que se conoce como "memoria Akáshika", "registros kármicos", etc. Lo que denominamos "inconsciente colectivo", relacionándolo con la experiencia de las especies, es aplicable a la memoria universal. Dónde se ubica esta memoria? Pues nada menos que en las partículas: probablemente, el paquete quántico de los átomos registre el "carácter" de cada grupo energético. Pero no consideremos lo antedicho como un criterio mecanicista. Como mencioné en otros escritos anteriores, no existe un límite real entre lo espiritual y lo material; y esto es tan preciso que creo que nadie que se maneje en forma imparcial podría afirmar que el átomo pertenezca exclusivamente al mundo material o al espiritual. Resumiendo este punto de vista, «en el átomo tenemos resumido todo el proceso cósmico: hay partículas negativas (0) y positivas (1), partículas neutras formadas por ambas (0 y 1) y un paquete cuántico que impone el "carácter" al grupo.» Desde el punto de vista orgánico y materialista, la descendencia adquiere las características de sus antecesores, a través de la memoria genética transmitida por los cromosomas, en una combinación más o menos caprichosa. El budismo afirma que cada criatura "elige" (inconscientemente) el vientre en el cual nacerá, a través de su "carácter" y naturaleza esencial. Este concepto es bastante curioso porque asegura que nuestra "vida esencial" encuentra la exacta composición cromo-somática pertinente a sus experiencias vitales anteriores. La afirmación encierra una gran cantidad de interrogantes. El primero que surge es respecto a qué cosa es el "carácter"y naturaleza o vida esencial, para el budismo. Dentro del orientalismo vulgar se tiende a creer que los budistas creen en la "reencarnación" del espíritu. A falta de otra palabra, se ha traducido como espíritu al término japonés chu. En realidad, se refiere al impulso de vida original e incalificado de cada criatura. El carácter es la característica que asume esa vida individual a través de su propia experiencia vital. Lo que renace es ese impulso vital original (vida esencial) acompañado del "carácter". Al morir, cada criatura resume en su "paquete cuántico" toda su experiencia vital. Este "paquete" no es material, si lo comparamos con la materia concreta. Podría decirse que es de la misma materia que las emociones y los pensamientos. Este "resumen" es como una semilla pronta a germinar, en busca de la tierra propicia. La tierra propicia es la coincidencia cromosomática de una pareja fecundando. Al nacer, la "nueva" criatura tendrá las características heredadas de sus padres, más el carácter que le es propio, más la vida esencial que siempre le acompaña.
Este pensamiento nos impone la presencia de un universo absolutamente ordenado y minucioso, donde nada ocurre al azar. Donde todo esta "contabilizado". Por duro que parezca, el equilibrio del cosmos es reflejo de un orden absoluto y minucioso. Existe el equilibrio de los astros moviéndose a velocidades increíbles en un espacio infinito y el equilibrio de las vidas esenciales muriendo y naciendo en el lugar y con los padres que se han "ganado" con sus acciones anteriores. Así, ninguna acción cae en el vacío. En el cosmos no existe el azar. La libertad individual se basa en nuestra capacidad de elegir en el presente, mientras estamos vivos. Nuestras elecciones determinarán, no sólo la vida que llevemos en "esta existencia", sino en existencias futuras. La descendencia es un acto de perpetuación de la vida, pero no de "nuestra" vida reflejada en la de nuestros hijos; sino del festejo universal a la expansión y la evolución. Pero, como tenemos una tendencia a apropiarnos de todo, como si ello pudiera aferrar nuestros pies a la vida; seguimos creyendo que nuestros hijos son nuestros y no de la vida.
exclusivo para «S.O.S. Psicólogo»
enero del 2002 |
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Juan Carlos Laborde
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